domingo, 28 de junio de 2009

NEW HOME II

Si el primer que portes al pis nou es un poster del Miles Davis, que després de molt buscar vas acabar comprant per Internet a New York (mola mes dir 'New York' que Nueva York, no? 'Nueva York' sona cutre, New York queda mes de guais...) fa mesos, un carregament de CD's, llibres i algun Fotogramas. O la teva escala de valors està capgirada o t'importa tot bastant poc. O les dues coses.

I la roba? I l'ordinador? I la tele? I LA TELE?! Recordo el primer pis que vaig anar a petar fa 6 anys, quan vaig venir a viure a Barcelona, a Aribau amb Universitat. Els meus companys de pis italians, el primer que van sentir de mi va ser "no em cardis, que no teniu tele aquí?". I ara no tinc tele perquè em dona la gana... No, no m'he trastocat, que no cunda el pánico! La tele llegara con el resto de muebles gracias a esa gente tan maravillosa, y tan bien pagada, que son los chicos de las mudanzas.

Però dijous vaig passar la primera nit improvisada al pis nou, per culpa o gràcies al Hamlet del Manrique, al muntatge de 3 hores de La Perla 29 i la xerrada posterior. El metro ja estava tancat i ¿perquè agafar un taxi i pagar un pastón per creuar una part de Barcelona per anar al pis on porto vivint 3 anys, si amb 10 minuts tenia la casa nova? Sense tele, vale. Sense ordinador, de acuerdo. Sense llit, bueno... però amb sofa, una cervesa comprada a ultima hora (ei, d'algu serveix que te'n ofereixin pel carrer cada 2 segons!), un llibre d'aventures qualsevol, i el senyor "Mails" observant-te, ja són motius suficients com per arriscar-se a passar la primera nit a un pis mig buit, el teu pis mig buit. Tot i que d'entrada tinguis la sensació que hagis ocupat una casa que no es teva i facis nit a un lloc desconegut, es teu, i mola. Molt.

Els lladrucs del gos del Primer, i la tele dels veïns de sota mirant "el cor de la ciutat" a la una de la matinada, ja es una altra història...


martes, 23 de junio de 2009

NEW HOME


Potser no he gaudit gaire del meu barri, sempre he fet mes vida al barri on treballo, clar que plegant a les 7 del vespre es lògic. Com a molt dona temps a creuar via augusta i anar a prendre algu al bar del soso a la Plaça. Això sino has d'agafar el ferrocarril corrents per anar a trobar-te a la porta de ves a saber quin teatre. (Aquesta normalment es la opció mes repetida durant l'any)

A partir del Juliol el meu barri serà un altre, marxo d'aquest pis, digueli pis, digueli 'loft informal', digueli '40 metres quadrats ben distribuits'... El millor d'aquest pis era el terrat amb vistes a gairebe tot Barcelona. Allà si que hi feia vida! Però a aquestes alçades m'estimo mes tenir un ascensor en arribar a casa que tenir un gran terrat on llegir i torrar-me al sol.

Després de 3 anys pujant cada dia 6 pisos a peu, arribar a casa i agafar l'ascensor serà un luxe indescriptible. Sobretot quan arribi amb alguna cervesa de mes o hagi de pujar les bosses de la compra.


En fi, que fotos com aquesta d'aqui uns dies no es tornaràn a repetir... però ni haurà d'altres!


sábado, 20 de junio de 2009

"THE VISITOR" O "HOW TO PLAY THE DJEMBÉ"


- Gairebé tots son immigrants xinesos... no te l'explico per si la vols veure! Però vaig acabar plorant eh. Es maca, saps allò que s'et fica un nus a la gola?


- I vas plorar molt o què?


Esta conversación no pertenece a alguien que ha visto 'The Visitor' sino a alguien que entraba a verla y hablaba de otra película. Deduzco que por los "xinos" y "llorar" se podría tratar de 'el gran torino', que la echaban en la sala de al lado y que si "The visitor" hubiera comenzado 10 minutos mas tarde la señora nos la cuenta enterita...


THE VISITOR
Dirección
: Tom McCarthy
Guión: Tom McCarthy
Interpretación: Richard Jenkins, Haaz Sleiman, Danai Jekesai Gurira, Hiam Abbass, Marian Seldes, Maggie Moore, Michael Cumpsy, Bill McHenry, Richard Kind
Música
: Jan A.P. Kaczmarek
Fotografía
: Oliver Bokelberg

Tarek: Oh shit! We have to get home! Zainab's gonna kill me, I'm on Arab time again.
Walter: What is "Arab time"?
Tarek: It means I'm late by an hour. All Arabs are late by an hour, it's genetic, we can't help it.



Viven juntos. Él, un joven músico sirio. Ella, una joven senegalesa que crea y vende joyas. Gente alegre y llena de vitalidad. Personas felices con lo que tienen. No les hace falta nada más. Se tienen el uno al otro.


Él, viudo, profesor de universidad frustrado, no le gusta dar clase, hace años que enseña lo mismo. Su único aliciente son las clases de piano, pero también se le dan mal. Incluso su profesora de piano le dice que no tiene edad para aprender y que si algún día se da cuenta, y se quiere vender su piano, la llame.


En principio estos tres personajes no tienen nada en común pero están condenados a encontrarse. Walter, el viudo, es enviado a Nueva York para asistir a una conferencia sobre un libro que ha co-escrito, en realidad el confiesa que no ha escrito ni una coma, pero su compañera literaria se ha puesto de parto y no tiene mas remedio que acudir y dar la cara. En Nueva York Walter se instala en un piso vacío que tiene en la ciudad. Cuando entra se da cuenta que el piso no esta vacío. Tarek, el músico, y Zainab, la senegalesa, viven allí desde hace unos meses.




Mejor dejar las torpes notas del piano y dar paso al ritmico djembé que Tarek le enseña a tocar a Walter, y que descubrimos que se le da mucho mejor que el piano. Pero ni en la vida ni en el cine, no es todo de color de rosa. Lo cotidiano, las situaciones cómicas, la ternura, van dando paso a un Nueva York oscuro, violento y dramático.

Las vidas de Walter, Tarek y Zainab van a dar un vuelco definitivo. Y aunque la película ya no es tan cómica y simple como al principio, no deja en ningún momento de ser alegre. Aunque pasen cosas desagradables, tristes y difíciles de superar (no voy a decir cuales porque sino ya me diréis de que sirve que veáis la peli!) siempre encuentran la alegría de vivir. Son unos personajes muy complejos e increíblemente bien dibujados. Te puedes identificar con facilidad con sus acciones y las cosas que piensan o dicen, tanto si sabes tocar el djembé como si no.

En "The visitor" se tratan temas como el amor, la familia, la política, la vida, las diferencias culturales, la inmigración... Hay tiempo para reír, para llorar, sorprenderse y emocionarse.




Ronald: Sir?
Walter: Yes? Did you find him?
Ronald: He's been removed.
Walter: Removed to where?
Ronald: Deported.
Walter: Deported? When?
Ronald: He was deported this morning.
Walter: How can that be? No, he - Um, sir, is there any way that I could contact him?
Ronald: I don't think so.
Walter: You don't think so? What kind of an answer is that?
Ronald: I'm sorry, sir. That's all the information that I have. Now, please step away from the window. You can contact I.C.E. if you have any further questions. The number's on the wall. Sir? Step away from the window, please. Sir. For the last time, step away... from the window.
Walter: [Walks up to the phone number on the wall, walks back to the window] You can't just take people away like that. Do you hear me? He was a good man, a good person. It's not fair! We are not just helpless children! He had a life! Do you hear me? I mean, do YOU hear ME? What's the matter with you?



martes, 16 de junio de 2009

FUMAR MATA

Interior día. En un bar cutrecillo cualquiera de Barcelona
El camarero esta detrás de la barra haciendo como que limpia la maquina de café para pasar el rato, en verdad ya esta limpia, lo hace por hacer algo. Mientras se enciende un cigarro, le da una calada y lo deja en un cenicero debajo de la barra. Mira hacia la calle y ve la chica sonriente que llega siempre a las 10 de la mañana y que quiere su bocadillo para llevar y su café con leche.
Chica
Eeeeh ¡Estas fumando!


Camarero (piensa)
Ni 'buenos dias', ni 'hola' ni nada... ¿que pasa, que ya no se puede ni fumar
tranquilo en el trabajo?
Ah no, que no se puede... ¿Pero que formas son esas
de dar los buenos días a la gente?


Chica
A ver, que no es por fumar, però que es veu el fum del cigarro desde aqui...


Camarero
Que cotillas que sois las mujeres...
Me echaba uno ahora que todavía no hay gente.


Chica
"Fumar mata", ¿no te lees las frases de los paquetes de tabaco?


Camarero
Ya lo se, por eso lo hago a escondidas...
Fumar a escondidas es como no fumar.


La foto es del curt 'Nicotina', rodat l'any passat i on feia la Foto Fija.
El text es mes recent.

viernes, 5 de junio de 2009

EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO



Capítulo 1

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. El será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizá el mes próximo. Acaba de comprarse un «Jaguar», uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil dólares le ha costado. Ahora está forrado el tío. Antes no. Cuando vivía en casa era sólo un escritor corriente y normal. Por si no saben quién es, les diré que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero. Es una historia estupenda. Ahora D.B. está en Hollywood prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.

Empezaré por el día en que salí de Pencey, que es un colegio que hay en Agerstown, Pennsylvania. Habrán oído hablar de él. En todo caso, seguro que han visto la propaganda. Se anuncia en miles de revistas siempre con un tío de muy buena facha montado en un caballo y saltando una valla. Como si en Pencey no se hiciera otra cosa que jugar todo el santo día al polo. Por mi parte, en todo el tiempo que estuve allí no vi un caballo ni por casualidad. Debajo de la foto del tío montando siempre dice lo mismo: «Desde 1888 moldeamos muchachos transformándolos en hombres espléndidos y de mente clara.» Tontadas. En Pencey se moldea tan poco como en cualquier otro colegio. Y allí no había un solo tío ni espléndido, ni de mente clara. Bueno, sí. Quizá dos. Eso como mucho. Y probablemente ya eran así de nacimiento.

Pero como les iba diciendo, era el sábado del partido de fútbol contra Saxon Hall. A ese partido se le tenía en Pencey por una cosa muy seria. Era el último del año y había que suicidarse o -poco menos si no ganaba el equipo del colegio. Me acuerdo que hacia las tres, de aquella tarde estaba yo en lo más alto de Thomsen Hill junto a un cañón absurdo de esos de la Guerra de la Independencia y todo ese follón. No se veían muy bien los graderíos, pero sí se oían los gritos, fuertes y sonoros los del lado de Pencey, porque estaban allí prácticamente todos los alumnos menos yo, y débiles y como apagados los del lado de Saxon Hall, porque el equipo visitante por lo general nunca se traía muchos partidarios.

A los encuentros no solían ir muchas chicas. Sólo los más mayores podían traer invitadas. Por donde se le mirase era un asco de colegio. A mí los que me gustan son esos sitios donde, al menos de vez en cuando, se ven unas cuantas chavalas aunque sólo estén rascándose un brazo, o sonándose la nariz, o riéndose, o haciendo lo que les dé la gana. Selma Thurner, la hija del director, sí iba con bastante frecuencia, pero, vamos, no era exactamente el tipo de chica como para volverle a uno loco de deseo. Aunque simpática sí era. Una vez fui sentado a su lado en el autobús desde Agerstown al colegio y nos pusimos a hablar un rato. Me cayó muy bien. Tenía una nariz muy larga, las uñas todas comidas y como sanguinolentas, y llevaba en el pecho unos postizos de esos que parece que van a pincharle a uno, pero en el fondo daba un poco de pena. Lo que más me gustaba de ella es que nunca te venía con el rollo de lo fenomenal que era su padre. Probablemente sabía que era un gilipollas.


Si yo estaba en lo alto de Thomsen Hill en vez de en el campo de fútbol, era porque acababa de volver de Nueva York con el equipo de esgrima. Yo era el jefe. Menuda cretinada. Habíamos ido a Nueva York aquella mañana para enfrentarnos con los del colegio McBurney. Sólo que el encuentro no se celebró. Me dejé los floretes, el equipo y todos los demás trastos en el metro. No fue del todo culpa mía. Lo que pasó es que tuve que ir mirando el plano todo el tiempo para saber dónde teníamos que bajarnos. Así que volvimos a Pencey a las dos y media en vez de a la hora de la cena. Los tíos del equipo me hicieron el vacío durante todo el viaje de vuelta. La verdad es que dentro de todo tuvo gracia.


La otra razón por la que no había ido al partido era porque quería despedirme de Spencer, mi profesor de historia. Estaba con gripe y pensé que probablemente no se pondría bien hasta ya entradas las vacaciones de Navidad. Me había escrito una nota para que fuera a verlo antes de irme a casa. Sabía que no volvería a Pencey.


Es que no les he dicho que me habían echado. No me dejaban volver después de las vacaciones porque me habían suspendido en cuatro asignaturas y no estudiaba nada. Me advirtieron varias veces para que me aplicara, sobre todo antes de los exámenes parciales cuando mis padres fueron a hablar con el director, pero yo no hice caso. Así que me expulsaron. En Pencey expulsan a los chicos por menos de nada. Tienen un nivel académico muy alto. De verdad.


Pues, como iba diciendo, era diciembre y hacía un frío que pelaba en lo alto de aquella dichosa montañita. Yo sólo llevaba la gabardina y ni guantes ni nada. La semana anterior alguien se había llevado directamente de mi cuarto mi abrigo de pelo de camello con los guantes forrados de piel metidos en los bolsillos y todo. Pencey era una cueva de ladrones. La mayoría de los chicos eran de familias de mucho dinero, pero aun así era una auténtica cueva de ladrones. Cuanto más caro el colegio más te roban, palabra. Total, que ahí estaba yo junto a ese cañón absurdo mirando el campo de fútbol y pasando un frío de mil demonios. Sólo que no me fijaba mucho en el partido. Si seguía clavado al suelo, era por ver si me entraba una sensación de despedida. Lo que quiero decir es que me he ido de un montón de colegios y de sitios sin darme cuenta siquiera de que me marchaba. Y eso me revienta. No importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego da más pena todavía.

Tuve suerte. De pronto pensé en una cosa que me ayudó a sentir que me marchaba. Me acordé de un día en octubre o por ahí en que yo, Robert Tichener y Paul Campbell estábamos jugando al fútbol delante del edificio de la administración. Eran unos tíos estupendos, sobre todo Tichener. Faltaban pocos minutos para la cena y había anochecido bastante, pero nosotros seguíamos dale que te pego metiéndole puntapiés a la pelota. Estaba ya tan oscuro que casi no se veía ni el balón, pero ninguno queríamos dejar de hacer lo que estábamos haciendo. Al final no tuvimos más remedio. El profesor de biología, el señor Zambesi, se asomó a la ventana del edificio y nos dijo que volviéramos al dormitorio y nos arregláramos para la cena. Pero, a lo que iba, si consigo recordar una cosa de ese estilo, enseguida me entra la sensación de despedida. Por lo menos la mayoría de las veces. En cuanto la noté me di la vuelta y eché a correr cuesta abajo por la ladera opuesta de la colina en dirección a la casa de Spencer. No vivía dentro del recinto del colegio. Vivía en la Avenida Anthony Wayne.


Corrí hasta la puerta de la verja y allí me detuve a cobrar aliento. La verdad es que en cuanto corro un poco se me corta la respiración. Por una parte, porque fumo como una chimenea, o, mejor dicho, fumaba, porque me obligaron a dejarlo. Y por otra, porque el año pasado crecí seis pulgadas y media. Por eso también estuve a punto de pescar una tuberculosis y tuvieron que mandarme aquí a que me hicieran un montón de análisis y cosas de ésas. A pesar de todo, soy un tío bastante sano, no crean.


Pero, como decía, en cuanto recobré el aliento crucé a todo correr la carretera 204. Estaba completamente helada y no me rompí la crisma de milagro. Ni siquiera sé por qué corría. Supongo que porque me apetecía. De pronto me sentí como si estuviera desapareciendo. Era una de esas tardes extrañas, horriblemente frías y sin sol ni nada, y uno se sentía como si fuera a esfumarse cada vez que cruzaba la carretera.


¡Jo! ¡No me di prisa ni nada a tocar el timbre de la puerta en cuanto llegué a casa de Spencer! Estaba completamente helado. Me dolían las orejas y apenas podía mover los dedos de las manos.


—¡Vamos, vamos! —dije casi en voz alta—. ¡A ver si abren de una vez!

Al fin apareció la señora Spencer. No tenían criada ni nada y siempre salían ellos mismos a abrir la puerta. No debían andar muy bien de pasta.


—¡Holden! —dijo la señora Spencer—. ¡Qué alegría verte! Entra, hijo, entra. Te habrás quedado heladito.


Me parece que se alegró de verme. Le caía simpático. Al menos eso creo.
Se imaginarán la velocidad a que entré en aquella casa.

—¿Cómo está usted, señora Spencer? —le pregunté—. ¿Cómo está el señor Spencer?


—Dame el abrigo —me dijo. No me había oído preguntar por su marido. Estaba un poco sorda.

Colgó mi abrigo en el armario del recibidor y, mientras, me eché el pelo hacia atrás con la mano. Por lo general, lo llevo cortado al cepillo y no tengo que preocuparme mucho de peinármelo.

—¿Cómo está usted, señora Spencer? —volví a decirle, sólo que esta vez más alto para que me oyera.

—Muy bien, Holden —Cerró la puerta del armario-. Y tú, ¿cómo estás?


Por el tono de la pregunta supe inmediatamente que Spencer le había contado lo de mi expulsión.


—Muy bien —le dije—. Y, ¿cómo está el señor Spencer? ¿Se le ha pasado ya la gripe?


—¡Qué va! Holden, se está portando como un perfecto... yo que sé qué... Está en su habitación, hijo. Pasa.


El guardián entre el centeno
The Catcher in the Rye

J.D. Salinger


martes, 2 de junio de 2009

DILLUNS ATÍPIC


Sortir de casa després d'haver aprofitat el matí a la platja i haver dinat mirant "el cor" (pobre Orpinell!) per anar a peu al poble del costat a buscar el Bus de les 6 cap a Barna pot semblar una bogeria. Tenint en compte que el meu poble es l'Estartit i el del costat Torroella de Montgri.


La "gràcia" està en que els de casa van marxar amb el cotxe diumenge el matí per anar a unes confèrencies-xerradesd'aquesteshistòriessevesbudistes, i jo volia aprofitar els pocs dies que tenia per ser a la platja, cosa que feia que el dilluns m'hagués d'espavilar com fos per tornar a Barcelona. Això vol dir, marxar a peu al poble del costat perquè a l'Estartit fins a l'agost no hi arriben els autobusos. Crec que ara mes o menys ja us heu situat.

Tampoc es cap esforç, es passa pel camí de carro del Molí Vell, fa bon temps, no pica el sol i pots escoltar música amb l'ipod tranquil.lament però a un ritme prou bo per poder agafar el bus a l'hora. I arribar a Torroella 50 minuts després i descobrir que encara et queda temps per comprar una coca-cola al bar del germà de la Pastissera (perdo, no se com es diu... Miquel em sembla, però sempre li hem dit 'el germà de la pastissera'). Pendre la coca-cola a la parada del Bus mentre penses que ha valgut la pena fer una hora a peu a canvi de poder aprofitar tot el diumenge i el dilluns al matí aqui.

Tenir la tipica conversa de Parada de Bus, que vindria a ser igual que les tipiques converses d'ascensor, o les tipiques converses de perruqueria però amb alguna petita variant:

- Va a venir con retraso, eso si llega.

- El divendres vam sortir 15 minuts tard perquè un senyor volia pujar amb el gos.

- Y aparte que son caros. Yo cuando voy a Andalucia me cuesta 41 euros y en proporción de quilometros aquí es muy caro.

- I ja veuras com no funciona l'aire acondicionat.

- O això o el posen massa alt i llavors agafes una pulmonia.

- ¿Y si te toca un negro al lado que?


Pujar al bus i escoltar que el conductor te posat Rac1, poder sentir el Toni Clapés i els nois del Versió Rac1 en directe mentre enfiles cap a Barcelona es un "lujo"!