viernes, 18 de diciembre de 2009

"A veces estamparía la cámara contra la pared"

José Cendón, fotoperiodista ´free lance´, 40 días secuestrado en Somalia.

Tengo 35 años. Nací en Caracas, hijo de emigrantes gallegos. A los 2 años ya estaba en Santiago de Compostela. Estudié Periodismo en Madrid. Vivo en Etiopía con la idea de trasladarme a Sudáfrica. No me gustan los políticos, aunque soy de izquierdas. Creo en algunas personas.

Cuarenta días secuestrado en Somalia, ¿alguna lección?
Mi trabajo tiene ciertos riesgos y pensaba que si algún día me pasaba algo era cosa mía; pero he aprendido que mi vida pertenece también a mi familia y amigos. Se ha despertado en mí cierto sentimiento de culpa.

Su secuestro armó un buen revuelo.
Fue una sensación extraña ver toda la gente que se movilizó por dos pringados, Colin y yo, que estábamos haciendo un reportaje sobre la piratería somalí para un diario inglés.


¿La vez que más miedo ha pasado?

No, presumía los motivos: dinero y que alguien pagaría. Era una cuestión de paciencia, tiempo y dinero. Pero el momento del secuestro lo recuerdo como si fuera ayer. Ha sido lo más impactante que he vivido.

... En el país más peligroso de África.
Sí, tienes que moverte con guardaespaldas privados. En el último momento el ministro de Puntlandia nos dio el cambiazo y los falsos guardaespaldas nos secuestraron.

¿El ministro les vendió?
Sí, Puntlandia es una región semiautónoma, todo el mundo está embadurnado en la piratería. El Gobierno central sólo controla dos calles de Mogadiscio. Hace poco los franceses enviaron a un par de agentes para que enseñaran a luchar a sus tropas.


... Y los secuestraron.

Fueron las propias milicias del ministro de Interior, se los vendieron a uno de los grupos islámicos contra los que estaban luchando. Ya ve, tú vas a ayudarles y ellos mismos te secuestran y te venden a sus peores enemigos, ese es el resumen de Somalia.

¿Usted lo entiende?

A su manera, los somalíes son hombres de negocios, tú eres su mercancía. Y están muy bien organizados, tienen su propio sistema de transferencia de dinero basado en el honor. Una simple llamada y el dinero se mueve de Mogadiscio a Londres o Dubái.


¿Cómo le trataron?
Me amenazaron de muerte, me dieron un ultimátum de 48 horas e incluso simularon una ejecución, pero nos traían el té por las mañanas y la comida, y cuando me negaba a cargar con mis cosas en los cambios de escondrijos cargaban ellos. En un par de ocasiones me enfadé y les grité y no me tocaron un pelo; eso es un trato bastante bueno, las amenazas son parte del juego.


¿Cuál es el retrato de esos piratas?

Son gente joven, uno no tenía más de 14 años. Intentamos establecer una relación humana con ellos para que sintieran cierta empatía y no nos maltrataran. Incluso les dimos clases de inglés y ellos a nosotros de somalí. Funcionó, porque al cabo de tres o cuatro semanas se acabaron las amenazas.

¿Hubo momentos divertidos?

Sí, Colin, que procesa un fino humor inglés, inventó un campeonato de flexiones, yo no paraba de reírme. La mayor parte del tiempo estábamos jugando al ajedrez o hablando. Tendíamos a desdramatizar, nos hacíamos muchas bromas.

¿Qué quiere contar con su libro?
Que determinadas circunstancias marcan: les guardo mucho rencor, pero entiendo que si hubiera crecido con un kalashnikov al hombro en lugar de con un libro, seguramente estaría haciendo lo mismo.


También dice que la mayoría de las noticias que nos llegan de allí son mentira.
Se escribe desde aquí, utilizan a periodistas locales que por cien dólares te cuentan lo que tú quieras, nadie va a ir a comprobarlo. Todo lo que contó la BBC y The New York Times sobre Eyl, la capital de Puntlandia, cuna de la piratería, es vergonzoso.


¿Lo de las fiestas, casas suntuosas, droga y chicas fruto del botín de la piratería?
Sí, estuvieron meses contando esas historias: todo mentira. Cuando cambiaron el presidente y la BBC y Al Yazira pudieron entrar en Eyl, se encontraron con un pueblo ruinoso de cuatro casuchas y unos cuantos todoterreno.


¿Qué más quiere contar?

Estamos hablando de una sociedad que ha vivido 18 años en guerra, con un gobierno de transición corrupto impuesto por la comunidad internacional, muy práctico para seguir con el expolio de los recursos.

¿Usted por qué hace lo que hace?
Me interesa la política internacional y contar cosas importantes, ¿y qué hay más importante que todas estas tragedias humanas? Me indigna que se preste tan poca atención a África.El conflicto de Congo hace que lo que sucede en Iraq o Afganistán sea casi una broma, es el que ha causado más muertos desde la Segunda Guerra Mundial
(cinco millones), y no se habla de ello.

¿Qué ha entendido?

No entiendo nada. A veces pierdo la fe en el ser humano y estamparía la cámara contra la pared, pero pese a la hipocresía de los medios esa gente se merece que alguien cuente sus historias. Si los rebeldes han desplazado a miles de personas, hay que contarlo; si no se documenta es como si no existiera.


¿Se ha perdido el respeto a la vida?

En las sociedades occidentales, las que se supone civilizadas, nos escandalizamos ante cien muertos a machetazos y no ante 10.000 muertos por un bombardeo.

¿Somos tan bárbaros como ellos?

Sí. Además, muchos de los conflictos africanos se ven atizados
por las empresas occidentales. Resulta mucho más fácil obtener las riquezas de estos países si siguen en conflicto que si son estables.

Por IMA SANCHÍS

Publicado el 18/12/2009

en La Contra de La Vanguardia

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