martes, 26 de enero de 2010

CODE INCONNU Michael Haneke (2000)

DIRECTOR y GUIÓN Michael Haneke
MÚSICA Giba Gonçalves
FOTOGRAFÍA Jürgen Jürges

MONTAJE Karin Martusch, Nadine Muse y Andreas Prochaska
REPARTO Juliette Binoche (Anne), Thierry Neuvic (Georges), Sepp Bierbichler (granjero), Luminita Gheorghiu (Maria), Alexandre Hamidi (Jean), Maimouna Hélène Diarra (Aminate), Ona Lu Yenke (Amidou)

Un joven blanco que se escapa de casa, una mendiga inmigrante sin papeles, un joven negro con aires de justiciero, un periodista de guerra, una actriz de cine, unos niños sordomudos y un granjera de pocas palabras, son algunos de estos "códigos desconocidos" que Haneke intenta enseñarnos.

Abusando de los planos fijos, donde a veces la acción transcurre fuera, como cuando el granjero le regala la moto a Jean, de los travellings imposibles y las escenas que a simple vista no aportan mucho a la historia, como Juliette Binoche planchando escuchando a sus vecinos discutir o los niños tocando los tambores, esa lentitud típica de las películas francesas.

Las historias se van cortando en pequeñas escenas independientes. Los personajes son distintos pero les sucede lo mismo, dejando de lado su color de piel o su nacionalidad, vemos sus discusiones, la falta de comunicación, los miedos, soledades, aspiraciones... Sin llegar a encontrar un final.

De hecho, tampoco sabemos que querían decir los niños sordomudos en su juego al inicio y final de la película.


Soy consciente que este ejercicio de contar las historias de esta forma entrecortada requiere algo mas de concentración por parte del espectador. Ya que te obliga a re-situar la acción en cada escena y a recordar que había pasado anteriormente.

Ademas, Haneke corta las escenas, o situaciones, por lo sano, cuando el quiere. A veces te quedas con las ganas de saber que mas les sucedía a los personajes después de sus discusiones en el supermercado, o sus conversaciones en el restaurante, y llegas a odiar esos segundos en negro que dejan respirar una historia de la otra.




sábado, 23 de enero de 2010

FUNNY GAMES Michael Haneke (1997)


DIRECTOR Michael Haneke
GUIÓN Michael Haneke
MÚSICA Varios
FOTOGRAFÍA Jürgen Jürges
REPARTO Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, Stefan Clapczynski, Doris Kunstmann


Acaban de empezar las vacaciones. Anna, Georg y su joven hijo Georgie parten para su bonita casa a orillas del lago. Fred y Eva, sus vecinos, han llegado antes que ellos. Las dos parejas quedan para una partida de golf al día siguiente. Hace buen tiempo. Mientras padre e hijo tratan de colocar los aparejos del velero, Anna prepara la cena. De repente aparece Peter, un joven muy educado, huésped de los vecinos, que viene a pedir que le preste algunos huevos porque a Eva no le queda ninguno. Anna se apresura a dárselos, cuando de pronto se pregunta cómo ha podido entrar Peter en la casa.


La familia Schober se dirige hacia la casa de campo para pasar las vacaciones, están jugando en el coche para que el trayecto sea mas divertido, aun no saben que sus jóvenes vecinos también tiene ganas de jugar, ni tu tampoco.

Que chico mas educado y majo este que viene a pedir unos huevos para su vecina, no? Un poco torpe, eso si. Pero es simpático. Quizá demasiado paradito. Su amigo parece mas avispado. Hasta aquí no te has dado cuenta de nada, los niños pijitos hijos de papa quieren tomarles el pelo a los recién llegados a la urbanización.


¿Me esta guiñando a mi? No puede ser, es una película. Yo soy un simple espectador, sentado en mi sofá, con mi mantita, no puedo formar parte de esto. No me estará guiñando a mi pero la peli se complica por momentos y parece que los niñatos pijos aparte de torpes son algo violentos y les gusta jugar a juegos que solo a ellos les parecen graciosos. ¡La familia Schober escogió un mal día para empezar sus vacaciones!

VIOLENCIA, PERVERSIÓN, DIVERSIÓN, ANGUSTIA, CINISMO son algunas de las palabras o sensaciones que tienes viendo "Funny Games". Jugar con el espectador por el placer de jugar, sin mas.

Ver donde esta el limite, ponerlo un poco mas allá y superarlo constantemente para volver a ir mas lejos.


Las miradas, guiños y preguntas directamente a la camera de los dos muchachos, recuerdan a pelis como "la naranja mecánica", nos recuerdan constantemente que estamos dentro, y que somos parte de este macabro juego. Lo del juego con el mando a distancia ya es un tema aparte, aquí a Haneke se le fue la pinza por completo. Pero hay que agradecerle que, aunque sea una peli con un fondo totalmente violento, no abusa de los recursos típicos del genero ni de la sangre con sabor a ketchup. En la mayoría de las escenas no ves la violencia directa, solo la intuyes y eso, a veces, es mas efectivo que ver una cabeza estallando en mil pedazos.

Yo no me considero una persona violenta pero esta peli me encantó. La podría comparar a jugar con un videojuego donde hay violencia por violencia, y nada mas. Si entras dentro y no piensas demasiado, disfrutas como un crio.
Creo que toda la peli se podría resumir con la conversación que tienen los dos jóvenes después de cargarse a la madre en el velero, cuando discuten sobre lo que es ficción y lo que es realidad. "Funny games" es eso. Pura ficción. ¿o no?




viernes, 8 de enero de 2010

"EL SECRETO DE LAS FIESTAS" FRANCISCO CASAVELLA

SOY RARO

Soy un raro de concurso. Un ni por qué, ni para qué, ni dónde. Un tostadora y un cafetera soy. No de los que van por el mundo con un embudo en la cabeza. Tampoco un raro de esos mayores que se ven en los futbolines con la boca pegada a la oreja de los chavales, que les invitan a una Fanta y los chavales se ponen a gritar: «¡Déjate de fantas y cómprame una Cota 49 o llamo a un guardia!».

De esa clase de raros no soy, porque ahora soy mayor, pero no mayor, mayor. Mi rareza es de marciano en misión especial en la Tierra, que disimula el día entero, todos le siguen mirando y el marciano no sabe por qué, y resulta que le miran porque es verde. Soy raro como una vaca jugando al millón. Y digo bien lo que estoy diciendo, porque sé de vacas y al millón domino. Además, en esto de la rareza he conocido a unos cuantos raros muy raros y puedo comparar.
He conocido a Cosme el del Coto, que perdió tres dedos de la mano derecha cuando le explotó la escopeta al dispararle al zorro, y ya siempre, al oír de noche cualquier ruido, salía a la puerta de su casa con un cuchillo y gritaba hasta cansarse: «¡O raposo! ¡O raposo!».

Toda la aldea le oía a lo lejos, y al oírlo, en mi casa justamente, y justamente en la cocina, uno cualquiera de mi familia, que también es bastante rara, asomaba la cara del plato muy despacio y levantaba luego las cejas. Entonces, un dedo modelo «mi reino no es de este mundo» señalaba hacia lo alto, y ese cualquiera de mi familia decía en voz baja: «Cosme el del Coto.». Y mi familia escupía a la vez en todo el suelo de la cocina, como ensayado.
Y escupía mi familia porque Cosme el del Coto le hizo una vez algo a una prima de mi padre y ese algo se llama Ramoncito y también es bastante raro, porque se pasaba el día subido a los árboles y se ponía a imitar «glu-glu» a lo que el pobrecillo creía que eran arrogantes halcones, hasta que un día un cazador, que podía ser otro, pero aún no se sabe si era el mismo Cosme el del Coto, aunque algo se dice, le pegó un tiro al árbol y casi le da a Ramoncito y entonces Ramoncito bajó del árbol y se metió en la pocilga y se puso a imitar a los cerdos, pensando que sería la nueva una vida más acomodada, una buena colocación, por así decirlo, y ya se lo llevaron unos hombres a un sitio que le dijeron que estaría muy bien y habría sábanas limpias todos los días. «¿Y pampam?» «No, Ramoncito, nada de pampam, calma y súbete al motocarro.» Raros.

He conocido a Fusco de Curros, que se emborrachaba todos los domingos y entonces se creía que era invisible y se iba desnudo hasta un llano donde los hombres de la aldea jugaban a los bolos y empezaba a gritar: «¡Tontos! ¡Soy el hombre invisible y no podéis verme! Os da miedo, ¿verdad?».
Y los hombres aquellos, unos mendas en conjunto, hacían que no veían a Fusco de Curros, aunque Fusco de Curros se dedicara a patearles y a quitarles la boina y a hacer monerías saltando delante del que iba a tirar la bola.

Luego, de tan borracho que iba, Fusco de Curros se ponía a dormir bajo un castaño y cuando se despertaba, se veía desnudo, no se acordaba de nada y salía corriendo y todo el mundo le gritaba y le decía: «Pero Fusco, ¿qué haces desnudo?». Yo me hinchaba a reír, porque era bastante divertido hacer como que no veías a Fusco de Curros y luego empezar a darle la bronca cuando se despertaba.
¿Y qué hay de las raras? Pues también. He conocido a Chenta, de la que ya contaré más cosas. Ahora sólo diré que Chenta, en su rareza, no le veía razón ni emoción a lanzar cohetes hacia el cielo y prefería tirarlos, una vez encendidos, queda claro, contra la gente que hacía barbacoas en el jardín de la casa de cada cual.

Tomen nota de la Chenta.
Y podría seguir hasta quedarme solo. He conocido a Josep Trabal alias El Monstruo, alias La Bestia Parda del Interior del Bosque, que empezó entrando en las papelerías a mangar gomas de borrar que no le servían para nada, porque para utilizar las gomas de borrar hay que haber utilizado antes el lápiz y para eso hace falta saber escribir o dibujar y El Monstruo tenía dificultades, pero que muchas, para esa actividad y algunas otras, y luego se puso a quitarles las marcas a los coches con un destornillador, que parece más difícil, pero no para El Monstruo, y luego se dedicaba a despistar las existencias de bonys y de pentavins de los colmados, y luego a atracar viejecitas y ya bancos monetarios directamente.

Y cuando el juez de menores le preguntó a La Bestia Parda del Interior del Bosque:
-¿Por qué has hecho todo eso, hijo? -Yo no estaba, pero así hablan los jueces fílmicos. -Porque me enciende más que el churro media manga. Así mismo se lo dijo. Aparte de hijo de puta, que lo es, ¿hay rareza en las sucias entrañas de El Monstruo o no? ¿He conocido gente rara o no? Porque también he conocido al Hombre Que Iba A Matar Al Pecos, he conocido al Filósofo Pedófilo. Pero de todos los raros que he conocido, a lo mejor por ser el primer caso y por quedárseme grabado muy profundo en la cabeza, el más raro de todos es mi abuelo. Mi abuelo era famoso en toda la comarca por la moto Guzzi y por los disparates que decía.

Lo de la moto Guzzi no tendría mayor importancia si no fuera porque mi abuelo pasaba de los ochenta años y conducía como un Billy el Niño. El asunto de los disparates ya se irá viendo.
Mi abuelo se levantaba muy temprano y en el tazón donde la gente normal coloca medio litro de leche, un poco de café y algo de pan hecho migas, el viejo iba echando aguardiente hasta que aquello rebosaba. Y para adentro.

Luego hacía una lista de la compra que sólo entendía él y saltaba encima de la moto. No diré dónde vivíamos para que nadie se acerque por allí a burlarse, pero daré una pista: las carreteras son curva a la izquierda, curva a la derecha, curva a la derecha otra vez, curva a la izquierda hasta que ya sólo tienes ganas de bajarte y meter los dedos en un enchufe. Llueve casi todo el día. Hay árboles para dar y para regalar, aunque se regalen poco, que hay mucha herencia en juego. Está lleno de vacas imbéciles que se comen la hierba a todas horas y aún hay hierba para siglos. También hay perros, cerdos, gallinas, conejos y todo lo que sale en los dictados y en las redacciones que se llaman «Mi granja».


Pues por ahí iba mi abuelo a tropecientos por hora. A izquierda, a derecha, venga. Una mañana vinieron a decirnos que una pareja de la Guardia Civil había detenido a mi abuelo un momento después de que la Guzzi hubiese adelantado a un turismo por la derecha, y después de hacer un ocho, regateara por la izquierda a un carro hasta los topes de hierba seca que venía en sentido contrario, levantase rueda para saltar la cuneta, un poco de cross en el monte con slalom entre eucaliptos y otra vez en la carretera.


Echado el freno, quietos todos ya, la Guardia Civil y mi abuelo habían mantenido la siguiente conversación:
-Tú, Paco -mi abuelo se llamaba Paco-, ya no tienes papeles, ¿verdad? -Verdad. -Ni documentación ninguna. -Ni documentación ninguna. -¿Y cuándo naciste? -Decírtelo, no te lo sé decir, pero cuando mataron a Canalejas yo ya había levantado cuatro faldas. A la hora de comer, la moto de mi abuelo llegaba rugiendo a la puerta de casa, el motor tosía en lo último de la asfixia y mi abuelo gritaba «¡Que viva la Virgen, pero que no viva tan lejos!», un chiste muy suyo que sólo él entendía, y entraba en la cocina, los ojos en sangre a más no poder, colgaba la boina en el perchero y nos decía que no había encontrado nada de la lista porque todo estaba cerrado. -Lo que tuvieron que cerrar cuando te fuiste fue la taberna -decía una de mis tías, Consuelo. -Agotó las existencias -decía la otra, Brígida-.

Para sujetar velas servirán las botellas ahora.
-Y dos que yo me sé, para vestir santos, sirven. El abuelo se reía, el bellaco, mientras miraba a otro lado y empezaba a canturrear «Vamos a la conga, todos con la conga.», repicaba sobre la mesa con los cubiertos y, cuando le plantaban en las narices el primero de los tres tazones de caldo que se tomaba a esas horas, daba un manotazo en la mesa y bramaba: -¡Para que los negros digan luego que no tenemos ritmo! ¡Que nos llaman gallegos, y no por nación, que nos lo llaman por torpes! Su almuerzo era, por orden de prioridad, una botella entera de vino tinto, dos platos bien cargados de ternera con patatas y un cuarto de queso.

Y cuando decía «La verdad es que tienen razón los negros: miro en derredor ¿y qué veo?¡Sachapatacas.!», todos sabíamos que se refería a la falta de ritmo o de viveza de los paisanos o de los aparceros que trabajaban para nosotros, que les llamábamos los Lechuzos, pero nunca en la cara, y que según el abuelo nos estafaban siempre y en todo, y que se iba a echar la siesta.
Cuatro horas de siesta tirando bajo. Roncaba que parecía que alguien en el piso de arriba cortara muebles con un serrucho. Hasta una hora después de la siesta no se hablaba con nadie, y el que se acercase a él durante ese tiempo era recibido con una bacinilla en medio de la frente y una tormenta de insultos en varios idiomas, que ahí se le notaba un pasado viajero.

El resto del día lo dedicaba a reconciliarse con todo el mundo, aunque nadie le hacía ni caso. Bueno, yo. Así que nos íbamos a dar un paseo bosque adentro. Ahora tengo que explicar qué hacía yo allí, porque si alguien lee esto imaginará que había nacido entre árboles, entre curvas, entre vacas tontas.

Pues no. Yo era de Barcelona, y en la Ciudad Condal estuve viviendo hasta los seis años con mi padre, ya que mi madre murió en mi parto.
Mi padre es músico y durante esos años daba clases en una academia con su horario normal y su sueldo. Pero por lo visto la academia cerró y no había tenido más remedio que entrar en una orquesta que tocaba por las noches hoy aquí y mañana allá. Lo mismo que hacía de soltero. Aunque es más bien pianista, parece que hay más demanda de trompetas y la trompeta es lo que toca. Así que decidió enviarme a vivir con mis tías y mi abuelo, aunque mi abuelo no contó mucho en la decisión. A mí se me dijo que iba a pasar un verano con las tías en el campo y parece que contesté: «Pues bueno».

Pero el verano se acabó y yo seguía allí y me quedé una buena temporada que fueron ocho o nueve años.
Me había dejado a mí mismo a punto de empezar a pasear con mi abuelo por el bosque. Aquí estamos otra vez. En aquellos paseos, mi abuelo nunca me enseñó cómo se llamaban las flores, los árboles y los animales.

Decía que no tenía ni idea y que en mala hora había aprendido a nombrar alguno.
No contaba historias fantásticas sobre aquellos caminos oscuros como hacían mis tías, ni hablaba de modistas asesinadas hace mucho y siempre apareciéndose y queriendo decir el nombre de su asesino, pero sin poder decirlo porque tenían la boca cosida, a lo mejor por ser modistas. Yo, de meigas, de trasgos, de A Santa Compaña y todas esas cosas típicas de las que dicen que se habla junto al fuego del hogar en las noches lluviosas y oscuras, nunca oí nada, ni falta que hace. Modistas y punto.

Y a mi abuelo diciendo, y gritando cuando le daba por ahí, que aquello no eran más que mamarrachadas.
-Son cretinos que ni te lo imaginas, Danielucho. -Me llamaba Danielucho o Lucho y a mí aquello me recordaba a «aguilucho» y, en fin, me gustaba. Aunque me podía haber recordado a lechuzo como los Lechuzos y no gustarme, pero entonces no caí y mejor no haber caído. Mi abuelo seguía hablando-: Yo sólo creo en el Hombre-lobo y en el Hombre-tachán.

-¿Cómo?

-Ay, cuánta torpeza en esta criatura del Señor. Vamos a ver. Dos cosas que te tienen que quedar muy claras. Una: el Hombre-lobo. Dos: el Hombre-tachán. Existen y son demostrables empíricamente.

Así decía mi abuelo, y con un silencio de «cuánta razón llevo» se calaba la boina sobre la cara chupada y granate aquella que tenía. Yo no sabía qué significaba «empíricamente», pero a mí me recordaba a «imperio» y algo grande y considerable y, bueno, bien. Mi abuelo decía cosas como ésa una detrás de otra, por eso tenía la fama que tenía. Íbamos caminando, veíamos a unos cuervos picoteando en un pasto y me decía:


-Te doy un duro si adivinas cuál de los cuervos echa a volar primero.


Yo, por poner un ejemplo, señalaba el tercero empezando por la izquierda y, toma, acertaba. Entonces mi abuelo me decía:


-No vas mal, no vas mal.

Y nunca me daba el duro.
Otras veces, levantaba el bastón y vociferaba:

-¡Las vacas no son más bobas porque no se entrenan, ni entrenador que tuvieren!


Y eso era lo que se dice rutina, porque otras veces íbamos andando y de pronto se paraba y me miraba a los ojos, casi con pena:


-Danielucho, nunca te fíes de un filipino.


Un silencio.

-Prométemelo, Danielucho, por la memoria de tu madre.


Otro silencio.

Y yo:


-Te lo prometo.


Otras veces me decía:


-Te voy a dar un consejo para toda la vida: nunca tomes anís. Jamás. Prométemelo.


Y se lo prometía. Y otras veces:

-¿Te has dado cuenta de que las vacas tienen nombre, Pinta, Marela, Gallega, etcétera, y los terneros no? Ni tienen nombre los cerdos, ni lo tienen las gallinas, pero sí lo tiene el perro.


El perro se llamaba King, aunque ahora no venga al caso. Pero eso me ha dado tiempo para hacer como que pienso.
Y contesto:

-Pues no me había dado cuenta.


-Lo que te vas a comer se queda sin nombre, Lucho.


Ahí lo pillé.


-¿Y los gatos? Yo nunca he visto que nadie les llame nada a los gatos.

-Estupendo, estupendo. Ahora sigue, sigue pensando.


Casi vomito ahí mismo. Y mi abuelo, con su cara más diabólica decía:


-Los Lechuzos, que nos quieren mal.


Hay más:


-Cuando se fue a Australia, Pedro pensaba que se hablaba gallego en todo el mundo, que el gallego era el idioma universal, vamos. A él lo de la Torre de Babel le debió de parecer que estaba en Redondela y que la construcción se abandonó por algún pleito.


Eso lo decía porque muchas veces nos cruzábamos con Pedro, un tipo que nos saludaba haciendo reverencias y se tronchaba de risa cuando ya lo teníamos a nuestra espalda. Se ve que tenía cuentas antiguas con mi abuelo por ser primos segundos, aunque no por eso, que allí, además, todos eran primos. Mis tías decían que quien no era primo es que era hermano. Eso encerraba su malicia, parece, aunque ahora no viene a cuento. Lo que sí parece es que por ser primos, y por cosa de herencias, y por un ferrado de monte que te quito que me quitas, llevaban así un montón de años y lo de la risa era una provocación del otro, de Pedro, que conociendo el afamado carácter furioso de mi abuelo, digamos, se reía en su cara para que mi abuelo se lanzase a por él, denunciarle y recuperar sus ferrados. Un ferrado es como un acre en una del Oeste. Medir, algo medirá. Cuánto, no lo sé.
Mi abuelo seguía hablando:

-Aunque ese Pedro que pretende provocarme sin consecuencias, dada su escasa virilidad, por lo cual no haría sino deshonrarme si le diera en toda la cabeza con una piedra de molino hasta que los sesos se le derramaran, y que vengan sus hijos que les machaco también, aunque ese Pedro, digo, no alcanza la altura de Hombre-lobo, has de saber distinguir a los Hombres-lobo y huir de ellos, porque eres Hombre-tachán. Te lo noto. Es muy fácil ser Hombre-lobo y muy difícil ser Hombre-tachán. Lo malo es que se es una cosa u otra de nacimiento y no hay remedio. Piensa mucho en ello cada vez que dejes tu casa o vuelvas a ella. Y cuando consigas pensar en eso bien pensado empezarás a averiguar algo sobre el Secreto de las Fiestas.


-¿Qué es el Secreto de las Fiestas?


-Aún no te lo puedo decir. Porque si te digo el Secreto de las Fiestas, me tendré que encerrar para siempre. Así que como no podía contarme el Secreto de las Fiestas, mi abuelo empezó a contarme la historia del Hombre-tachán.

miércoles, 6 de enero de 2010

ALGUNOS DE LOS ESTRENOS QUE ESPERO

EL CÓNSUL DE SODOMA - 8 de Enero 2010



Dirección: Sigfrid Monleón.
Con: Jordi Mollà, Bimba Bosé, Àlex Brendemühl, Josep Linuesa, Isaac de los Reyes, Alfonso Begara, Juli Mira, Vicky Peña, Susana Fialho, Isabelle Stoffel, Marc Martínez

“El cónsul de Sodoma” es un recorrido por la vida de Jaime Gil de Biedma (1929-1990), uno de los poetas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Su vida es la historia de una contradicción: por un lado, pertenece a la alta burguesía y es ejecutivo de una importante multinacional; por otro, vive su faceta de poeta y homosexual, que se rebela contra su entorno familiar e histórico.

La vida de Jaime Gil de Biedma de la mano de Sigfrid Monleón y Jordi Mollà


FISH TANK - 15 de Enero de 2010



Dirección: Andrea Arnold.
Con: Katie Jarvis, Kierston Wareing, Michael Fassbender.

Fish Tank es la historia de Mia, una explosiva adolescente de 15 años, quien siempre está en problemas, excluída por sus amigos de la escuela. Un día caluroso de verano, su madre (Kierston Wareing), trae a casa a un misterioso extraño llamado Connor (Michael Fassbender) quien promete cambiar todo y llevar amor a sus vidas.


Premiada en distintos festivales, una película más
que intenta retratar los aspectos de un barrio marginal y sus personajes, con una banda sonora repleta de hip hop y R&B


EL CORREDOR NOCTURNO - 22 de Enero de 2010



Director: Gerardo Herrero
Con: Leonardo Sbaraglia, Valeria Bertuccelli, Erica Rivas, Miguel Ángel Solá

Eduardo es un gerente de una compañía de seguros que es asediado por un hombre misterioso que conoce en el aeropuerto. Se encuentra bajo una presión constante y sale a correr para desahogarse, hasta que un día, de regreso de un viaje de negocios que ha sido un fracaso, conoce al misterioso benefactor que le anima a cambiar de vida y que lo asediará hasta límites insospechados para lograr su propósito. A partir de entonces, la vida del protagonista empieza a deslizarse hacia un territorio ambiguo donde las certezas se desvanecen y correr se vuelve inútil.

Un duelo interpretativo entre Leonardo Sbaraglia y Miguel Angel Solá, directamente desde Argentina

PÁJAROS DE PAPEL - 12 de Marzo de 2010



Dirección: Emilio Aragón
Con: Imanol Arias, Lluís Homar, Carmen Machi, Roger Príncep, Fernando Cayo, Oriol Vila

Acabada la guerra, una compañía de artistas de vodevil va de pueblo en pueblo con sus actuaciones, formando una extraña y singular familia, encabezado por un músico y cantante, Jorge; un ventriloquista, Enrique, y Miguel, un huérfano de 10 años, acompañados por la cupletista Rocío Moliner y Merceditas, una niña y bailarina clásica. Este grupo de artistas sobrevivirá al hambre de pan y a la sed de triunfar, así como a los avatares de la vida cotidiana. Un hecho inesperado les pondrá a prueba, obligando a algunos de nuestros protagonistas a tomar decisiones de vida o muerte.

Emilio Aragón, ahora metido a director, nos sorprenderá con una película divertida, emotiva y nostálgica para los amantes del pasado

TODAS LAS CANCIONES HABLAN DE MI - sin fecha de estreno

Dirección: Jonás Trueba
Con: Oriol Vila, Bárbara Lennie, Ramón Fontseré, Eloy Azorín, Bruno Bergonzini, Valeria Alonso, Miriam Giovanelli.

Comedia romántica que se acerca al lado más agridulce del amor, con un punto melancólico y nostálgico que no cuenta el principio de un amor, sino su supuesto final, la ruptura sentimental y lo difícil que es sobreponerse a esta complicada situación.

Los protagonistas son Ramiro y Andrea, que rompen su relación sin razón o motivo alguno. No hay un conflicto de celos, ni infidelidad, ni nada parecido…, ni siquiera se ha agotado el amor entre ellos. Es algo inexplicable, pero bastante común en el día a día de muchas parejas.

El debut en la dirección de Jonás Trueba, después de participar en los guiones de películas como "más pena que gloria" o "vete de mi"

LES DERNIERS JOURS DU MONDE - sin fecha de estreno



Dirección: Arnaud Larrieu, Jean-Marie Larrieu
Con: Mathieu Amalric, Catherine Frot, Sergi López, Clotilde Hesme, Omahyra

El fin del mundo se acerca. En pleno caos, Robinson Laborde (Mathieu Almaric) emprende la búsqueda de una joven con la que mantuvo el tórrido romance que acabó con su matrimonio. Filmada a camino entre Francia y España, la película combina un paisaje apocalíptico con el realismo vacacional y agentes ataviados con monos amarillos fluorescente con una corrida de San Fermín.

Película pendiente estrenada en Francia y pendiente de estreno en nuestro país, un film con tonos de ciencia ficción con Mathieu Amalric y Sergi Lopez