sábado, 27 de febrero de 2010

IVÁN ZULUETA IN MEMORIAM

El próximo arrebato, por Gonzalo de Pedro
CAHIERS DU CINEMA
Num. 31

Febrero 2010


("Mientras tanto…". Polaroids de Iván Zulueta).

Este texto podría escribirse a jirones, como el propio Iván Zulueta filmó, vivió y murió, rascando con garra lo que la vida, y el cine, tenían que ofrecerle. Este texto podría escribirse, pues, rascando también con furia sobre los años de silencio, apilando, unas sobre otras, todas las frases que se acumulan ahora en las hemerotecas sobre la obra de un cineasta que no murió el pasado mes de diciembre, sino que desapareció para siempre entre las paredes de su villa en San Sebastián, hace muchos, muchos años.

Muchos años, durante los cuales, mientras crecía su leyenda y se olvidaban sus películas, mientras dibujaba carteles o se perdía en laboratorios mágicos, se escuchaba, como un eco viejo y distorsionado, su intención de volver al cine, de rodar una nueva película, de agarrar la cámara por ultima vez, traspasar el umbral de su casa y dar al cine lo que este esperaba.

Que su película (ahora) más celebrada, Arrebato, terminara con la cámara de Súper 8 vampirizando a su dueño , y que tras filmar esa película, Iván Zulueta no volviera a rodar ni una sola imagen más, recluyéndose , desapareciendo del mundo, es la coincidencia sobre la que se sostienen todos los textos que pretenden reivindicar la figura de Iván Zulueta como el gran maldito de nuestro cine, al que el propio cine engulló , chupándole las entrañas y condenándolo a un ostracismo del que apenas si consiguió salir.

Pero más allá de la coincidencia falaz, más allá de la fácil metáfora , más allá de la tentación del malditismo , más allá de la mentira piadosa del arrebato final (porque , estrictamente Zulueta si filmó, tras el éxtasis final de Arrebato, algunos trabajos para televisión, en aquel tiempo en que otra televisión fue posible); más allá de todo eso, se impone reconocer, ahora si , fatalmente a destiempo, la obra de un cineasta que no dejará de ser nunca una promesa de futuro. O un espejo en el que el cine español no se atreve, todavía hoy, a mirarse en demasía para no reconocer en él su propia figura ajada antes de tiempo, para no reconocer que la obra de Zulueta, con su arrojo, su valentía y los años de incomprensión y olvido , representa lo que el cine español pocas veces ha conseguido ser , en palabras de Joan Pons: joven. Auténticamente joven. Auténticamente osado. Auténticamente rabioso. Arrebatador y abismal , un salto al vacío del que quizás , y solo quizás, el propio Zulueta era consciente.

Volviendo a ver Arrebato, muchos quisiéramos pensar que el cine español cambio tras esa película, que algo se rompió , para bien, que Arrebato no fue sólo una promesa, un espejismo, un reflejo fugaz y engañoso , sino también una brecha , un chasquido brutal, como de un proyector (de Súper 8, como no) que se rompe ante unas imágenes que le superan. Que en los últimos años Iván Zulueta , y sus fotografías en polaroid , pedazos inmóviles de ese mundo que habitaban más allá del objetivo , que él , y sus carteles de cine, siempre dibujados en la soledad de Villa Aloha , conocieran días de gloria robados a la historia , no arregla la injusticia con una obra (y no hablamos sólo de arrebato, sino del conjunto de carteles , Súper 8, películas o videoclips) que, desgraciadamente, sigue apareciendo como una isla vampírica y luminosa, arrogantemente vanguardista y enigmática, dolorosa y adictiva.

"Mientras tanto", escribía Zulueta en tantas y tantas polaroids. Y "mientras tanto" escribiremos también nosotros, porque mientras tanto, mientras nos lamentamos, quizás estamos dejando pasar de largo el próximo arrebato.

1 comentario:

Butaques i somnis dijo...

No he vist res d'aquest home, però només llegir això i veure l'atmosfera que destilen aquestes fotos, crec que no seria el millor moment per posar-se a veure les seves pel·lis.
Ja he publicat la crítica del Broggi... ja deixaràs la teva imprescindible opinió...