sábado, 20 de agosto de 2011

HASTA QUE LLEGÓ SU HORA sergio leone

Creo... Sí. Si te matara creo que después me arrepentiría. ¿Te gusta la vida? También te gusta sentir las caricias de un hombre. ¿Te gusta? Aunque sean las manos del hombre que mató a tu marido. Eres una víbora. ¿Hay algo que no harías para salvar tu pellejo?

Nada.

Ahora comprendo porque te hechan tanto de menos, en Nueva Orleans. Una gran invención, el telegrama. "¿Jill? ¿ La morena? Todos los clientes del burdel más caro y más elegante de la calle Bourbon han estado llorando desde que se fue". ¿ Lo sabía el viejo McBain? Sí. Seguro que sí. Es de los que se casarían con un puta. ¡Qué idea! Podría casarme contigo. Y las tierras serías mías. Y puede que fueras una esposa perfecta. Aunque puede que yo no fuera un buen marido. Es una pena. Habrá que pensar en otra solución sencilla y rápida.



¿Sabes una cosa? Deberías llevar algo de beber a esos muchachos. No te imaginas cuanto puede alegrar a un hombre una mujer como tu, solamente de verla. Y si alguno uno de ellos te toca el trasero haz como sino te dieras cuenta. Han trabajado mucho.

Eres un hombre bastante atractivo.

Pero no soy el que te conviene. Ni él tampoco.

Puede ser, pero no me importa.

No me has entendido, Jill. Los que son como ese llevan algo dentro. Algo que sabe a muerte, y no pueden librarse de ello. Ese si esta aún vivo, entrara por esa puerta, recogerá sus cosas y dirá adiós.


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